lunes, 11 de mayo de 2015

Ser el mejor

El éxito y el fracaso en el futbol y la vida.

Por Andrés Gallegos

La competencia deportiva es exacerbada por los medios de comunicación en términos de “lo mejor” y “lo peor”. Si ganas, eres el mejor. Si pierdes, eres el peor. Los fanáticos del futbol se han creído este discurso mentiroso y denigran al perdedor cuando la derrota es una posibilidad real tanto en el deporte como en la vida misma. Hay equipos que ganan más que otros, pero nadie está exento del fracaso.

En estas fechas, Josep Guardiola es vilipendiado por varios sectores mediáticos y un número importante de aficionados por sus recientes tropiezos en Champions League y Copa Alemana, además de tres descalabros seguidos en la Bundesliga. El español, con una reputación ganadora, empieza a apestar en la derrota. Sus victorias se empequeñecen ante la espectacularidad del gigante caído. El impacto del Titanic arañado por un iceberg aún permea en estas generaciones, aficionadas a ver trasatlánticos hundirse.

Si Guardiola ha hecho jugar al Bayern Munich mejor o peor que Jupp Heynckes no es algo que interese a detalles de este texto. Lo que quiero analizar es la exageración persistente a evaluar los triunfos y las derrotas en términos de disidencia radical. Si ganas, estoy contigo. Si pierdes, estoy contra ti. Un día Guardiola transformó al Barcelona hasta convertirlo en el mejor equipo de la historia. Al otro, el catalán es un entrenador sobrevalorado que solo gana con equipos “hechos”. A estos extremos me refiero.

El mismo entorno que encumbró a Pep como “el mejor técnico del mundo” por sus éxitos, ahora lo ignoran cuando éstos parecen escasear. Bien lo dijo Marcelo Bielsa, entrenador argentino del Olympique de Marsella: “Tengo claramente visualizado que en los procesos negativos todos te abandonan. Los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal y la derrota hace que seamos mal olientes. Nadie te acompaña para ayudarte a ganar y todos te acompañan si has ganado. Es una ley de la vida".

Bayern Munich, luego de perder la final de UCL 2011-12
El éxito, hasta en los clubes históricos, es esporádico. El mismo Bayern Munich lo entendió cuando el primer año de Jupp Heynckes tuvo registros en blanco. Perdió la Liga y la Copa contra la potencia emergente del Borussia Dortmund. Extravió la Champions League en su propio estadio, contra un grisáceo pero efectivo Chelsea. Pero en Alemania vieron la derrota como un paréntesis en el trayecto rumbo al éxito. Permanecer anclado en el fatalismo supersticioso, como le sucede a equipos como Cruz Azul o Benfica, o seguir luchando como el primer y más valioso de los triunfos. Al año siguiente, los bávaros ganaron el triplete.

Guardiola ha ganado dos Bundesligas, una Copa Alemana, una Supercopa europea y un Mundial de Clubes. Su búsqueda del triunfo ya se ha materializado. Pero se le niega un trofeo mayúsculo, la Champions League, y las otras victorias parecen no importar. Se evalúa el fracaso en términos de tener o no tener. Pero se nos olvida que tanto en la Champions como en otras facetas del deporte y la vida, hay demasiados aspirantes al mismo éxito. Y muchas veces, el que fracasa se desanima, se siente culpable y deja de luchar, aturdido por los ladridos de los críticos. Vuelvo a citar a Bielsa: “Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción. Los seres humanos de vez en cuando triunfan. Pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan, y ganan de vez en cuando. Muy de vez en cuando”.

¿De verdad importan tanto los títulos?. Hay entrenadores que dirigen equipos medianos, clubes destinados a la precariedad y la escasez. Futbolistas que protagonizan gestas olvidadas en divisiones inferiores. Profesores que forman las inteligencias infantiles desde el silencio. Padres que forman los corazones de sus hijos sin altavoces que amplifiquen su éxito. Trabajadores cuya labor diaria se materializa en el éxito de disfrutar un buen plato de comida en la mesa. No tienen el prestigio de la victoria que promueve el entorno mediático, para este, todos esos que mencioné son fracasados por no ganar algún diploma o trofeo que lo certifique, por no usar determinadas cosas, por no responder a sus expectativas previamente fijadas por el marketing o la ideología del consumo. Pero ningún éxito inmuniza, diría Bielsa.  Las victorias pequeñas son las que engrandecen el espíritu de los hombres.

Por eso entiendo a Pep Guardiola cuando dice: “¿Soy el mejor por ganarlo todo? He ganado por tener súper jugadores. He dicho mil veces que todo lo que he ganado ha sido por y para ellos, no para mí. Yo estoy aquí con mi chándal pero no puedo ayudar más. Quiero ser el mejor entrenador para mis jugadores. He dado lo mejor desde que soy entrenador”. La clave estriba en dar lo mejor, en ofrecerte por completo en lo que haces. Si sólo amáramos al exitoso, seríamos hinchas del que gana. Pero no ocurre así. Queremos al que nos provoca emociones perdurables, al que nos vuelve mejores y más felices. Le reprochamos a Pep no ganar la Champions, ¿y si un día finalmente la obtiene, se apagará el ruido de sus críticos?. Los acomplejados por el éxito suelen impugnarlo hasta la eternidad. Nunca ganamos siempre, en nuestras vidas también hay fracasos, pero las victorias que obtenemos perduran para nosotros mismos.

¿Realmente queremos ganar siempre?. El éxito demanda sacrificios, ¿estamos dispuestos a ofrecerlos?. En una charla durante el entrenamiento del Olympique de Marsella, Marcelo Bielsa le habló al lateral Bernard Mendy acerca del éxito y la felicidad. “Ser el mejor te quita felicidad”, señaló, “te quita horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiestas, diversión. (…) Ustedes quisieran comprar el tiempo. Pagarían por poder hacer eso, como pagaría cualquier persona. Entonces, el éxito te quita la posibilidad de ser feliz. Si vos elegís que vos no querés ser el mejor del mundo, ¿qué problema hay? No hay ningún problema”.  No se trata de vivir como fracasado, se trata de vivir a la altura del bien que queremos, allí estriba el éxito.

lunes, 6 de abril de 2015

Reflexiones del Atlas-Chivas

Por Andrés Gallegos

-  A veces comprendo el fastidio del futbolista por el periodismo. Juez implacable del resultado, la prensa ridiculiza al niño malcriado de Arturo González por su payasada de tirar un penalti de Panenka en el último minuto del Clásico Tapatío. La falla, al vender más portadas que el acierto, vuelve inútil a quien lo protagoniza, borrando sus antecedentes positivos en pos del escarnio público inmediato. Pero si hubiera anotado, la misma prensa que lo ataca estaría besándole los pies, animando su valentía y haciendo notitas ridículas sobre el genio del artista rojinegro y otras hipérboles sobadas. Lo dejaré claro de una vez. “Ponchito” solo es un joven que tomó una decisión cuyo resultado fue negativo, pero al menos ejerció la voluntad de decidir, porque para fallar hay que hacer algo. Lo peor es el miedo a fallar, porque los que no fallan hacen nada, volviéndose burros,  prejuiciosos y tercos.

Marcelo Bielsa, entrenador argentino del Olympique de Marsella, tenía razón cuando dijo: "Tengo claramente visualizado que en los procesos negativos todos te abandonan. Los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal y en la derrota hace que seamos mal olientes. Esto no es un reclamo, es la descripción de algo que llevo 30 años viviendo y que se repite en cualquier actividad humana. Nadie te acompaña para ayudarte a ganar y todos te acompañan si has ganado. Es una ley de la vida". Mal haría Arturo González en dejarse llevar por el ruido de un entorno demasiado exaltado y fanatizado de los clásicos regionales, donde los medios de comunicación contribuyen a esa histeria colectiva. Los atrevimientos en el futbol siempre serán bienvenidos, pero se debe asumir que no siempre se cristalizan. Un día Sebastián “el Loco” Abreu falló una Panenka que mandó a Eduardo Acevedo, entonces entrenador de los Tecos, al desempleo. El uruguayo lo intentó otra vez y mandó a Uruguay a semifinales de una Copa del Mundo.

-  El fanático de The Beatles, ese histérico sesentero que mutó en el nostálgico venerable de hoy, habría llorado de felicidad si John Lennon y Yoko Ono se hubieran separado. Un demente mató al rockero y los exaltados berrearon por doble motivo, por la muerte de Él y la vida de Esa. Los fanáticos de Chivas sienten que el mundo se les ilumina, porque al fin el vendedor de polvos dejó de beber el toloache con que Angélica Fuentes lo embelesaba. Las mujeres fatales, las mujeres malas, aderezan tragedias melodramáticas donde se le reprocha al “sexo débil” la escultura de su cuerpo, la malignidad de su mirada concupiscente y la locura que genera en los pobres hombres. El adagio popular “jala más un par de nalgas que una yunta de bueyes” castiga con acritud a esas pendencieras tentadoras que tomaron la manzana del Árbol Prohibido y llevaron a los varones a su perdición paradisiaca. Las feministas se arrancarían los ojos al ver tantos insultos proferidos a la “reina del gas”, culpable de todos los males de Chivas.

Es cierto que Angélica Fuentes fue incompetente y soberbia, tomando decisiones erradas en la dirección del equipo rojiblanco, pero echarle todas las culpas me parece una equivocación. Jorge Vergara ya cometía equivocaciones graves cuando era un solterón codiciado. Nadie se acuerda del despido injustificado de Benjamín Galindo en 2005; de contrataciones erradas como las de Salvador Carmona o Heriberto Ramón Morales; de la indecencia que resultó la salida de Daniel Guzmán, el aprendiz de entrenador que terminó ganando una liga con Santos Laguna; o del circo que fue la salida de Hans Westerhof, en su segunda etapa en 2006, gracias al “Consejo de Futbol” que nada hacía y nada hizo. Desde 2002, Vergara es el mismo tipo que usa directivos desechables, corre a patadas a los entrenadores con severidad de Chuck Norris, e incumple promesas que se olvidan gracias a su incontenible hemofilia verbal. El matrimonio solo desequilibró más el rumbo de Chivas hasta llevarlo a luchar por el descenso. Así que los fans de Chivas podrán hasta firmar los papeles del divorcio, pero eso no garantiza que la salida de Fuentes cambiará por arte de magia al equipo. John Lennon apenas hacia buena música cuando se separó de los Beatles, y eso tampoco era (total) culpa de Yoko Ono.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Reflexiones Chelsea-PSG

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

I

En la globalización del futbol, Inglaterra es un país etnocentrista. Como si los condicionara su aislamiento marítimo, los ingleses tienen miedo de cruzar a nado el Canal de la Mancha, porque luego se mojan y pueden ahogarse. La Premier League, publicitada como la liga de futbol más poderosa del mundo, es demagogia en Europa. Con Chelsea y Liverpool fallecidos, mas Arsenal y Manchester City respirando de manera artificial, los clubes ingleses se aturden con el himno de la Champions y añoran la hora del té. Repletos de estrellas internacionales, se han vuelto tan locales como la frustración de su Selección Nacional, quien solo fue un equipo grande cuando pudo jugar la Copa del Mundo en casa.

El desprecio de la Premier League a la Orejona confirma la tradición aislacionista de los británicos. Los inventores del futbol no fueron a un Mundial hasta 1950, veinte años después del primero, y tampoco jugaron la primer Copa de Europa que se organizó. Como no tienen ganas de compartir sus cosas con sus compañeros continentales, los británicos siguen jugando con libras esterlinas en vez de euros. Inglaterra sufre de agorafobia. De visita, los clubes ingleses colocan sus relojes en cuenta regresiva para regresar lo más pronto posible a casa.

II

Tengo la impresión de que Paris Saint-Germain es un equipo que siempre juega por debajo de sus posibilidades. En una liga desarrolladora de nuevos talentos, las consagradas estrellas parisinas se comportan como artistas bohemios en permanente conversación de café, esperando el momento propicio para la inspiración. Semejante indolencia ha ocasionado que los dos Olympiques, uno de ellos un cuadro repleto de jóvenes africanos y asiáticos de nacionalidad francesa, el otro un grupo de futbolistas inestables comandados por un "Loco", incomoden la supremacía artística de la Ciudad Luz. Nadando de muertito, los parisinos llegarán al otro lado de la piscina gala con posibilidades de ganar el oro. Pero en Champions League este equipo es capaz de honrar las hazañas olímpicas de Camille Muffat, recientemente fallecida por un accidente en helicóptero.

Ante los charcos que colocó el Chelsea en defensa, con un José Mourinho que le gusta jugar en el lodo, el PSG apeló a la dotada técnica de sus hombres de ataque para caminar por el barrizal sin muchas manchas. El equipo francés intenta crear su propia vanguardia europea con creatividad sudamericana. Pastore y Lavezzi se vuelven argentinos más conocidos que Julio Cortázar en París, mientras Cavani sigue desaprovechado en una banda en una decisión táctica que no se puede descifrar ni con psicoanálisis lacaniano (algunos dirían que Zlatan Ibrahimovic es el centro delantero, pero también se puede jugar con dos puntas).  Pero la verdadera fortaleza de este club son los zagueros brasileños.  Más impenetrables que el Amazonas, aunque a veces se distraigan con pretextos de carnaval (la mano de Thiago Silva en el penal del Chelsea o los arranques líricos de David Luiz en la salida con balón controlado), sus goles aéreos emulan a Alberto Santos Dumont, pionero de la aviación brasileña y mundial. Brasil, el cerrajero que abría muchas puertas, ahora se especializa en colocar candados.

III

José Mourinho, el hombre bueno al que los árbitros le hacen mal de ojo, el aspirante a científico curioso por los porqués de las cosas, puede convertir un expulsado de su equipo en una conspiración judeo-masónica. El portugués explica las derrotas con los arrebatos pasionales de una adolescente: no nos dejan vencer porque nos tienen envidia, nos derrotaron porque no nos soportan, ellos son los malos y nosotros somos los buenos. Aunque entiendo la teatralidad melodramática del entrenador de Chelsea, no deja de ser irónico que el guión suela escribirse al revés. El drama se convierte en comedia.

Hoy el Chelsea tuvo un hombre más en el campo por una expulsión injusta de Zlatan Ibrahimovic y Mourinho,  administrador de recursos con desventajas e imponderables, no supo administrar la repentina riqueza que se le presentó y la derrochó tirándose atrás. Con ventaja numérica de piezas, el portugués se empeñó en llegar a las tablas en vez de ganar la partida de ajedrez. Previsor, el Chelsea cerró puertas y ventanas, pero los ladrones se metieron por la azotea y la seguridad colapsó. El estratega lusitano sacó el paraguas a la calle cuando el día era soleado y fresco, y al final se picó los ojos con la punta de la sombrilla. José Mourinho desaprovechó una gran oportunidad de ganar otra Champions. Decidió no hacer las tareas, pero se olvidó que al perro que se las come le pusieron un bozal.

IV

Los árbitros que están en los costados de las porterías son espectadores de primera fila de los partidos europeos. Son como el apéndice, no saben para qué sirven pero allí están. Pero como los diputados mexicanos, molestan mucho cuando hacen nada. Como las jugadas polémicas donde la pelota rebasa la línea de gol aparecen cada tanto, como las visitas del cometa Halley, los réferis de banda son tan inútiles que uno piensa que son hologramas o efectos de televisión, como las líneas amarillas de primero y diez en los juegos de futbol americano. El pobre árbitro central no se da abasto con tantas patadas y agresiones en la cancha, pero los nazarenos de las porterías, como los estudiantes barco, esperan que el nerd del grupito escolar haga la chamba y se coma la responsabilidad, mientras le den sus puntos para la calificación final.

O los réferis de las porterías muestran mayor productividad, o los desaparezcan. Para marcar los goles, ya tenemos los chips incrustados en los balones o el ojo de halcón. La UEFA se parece cada vez a los sindicatos de maestros del país, pagando nóminas de árbitros fantasma. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Previas de Champions (Parte I)

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

Luego de dos meses de abstinencia, los aficionados al futbol europeo podrán emborracharse con la acción del torneo de clubes más atractivo del mundo. Ofrezco una guía de las eliminatorias que se disputaran el 17 y 18 de febrero, para que tengan la mejor información previa al desarrollo de los partidos.

Shakhtar vs Bayern Munich

Bayern en su mejor exhibición de la temporada, el 1-7 a la Roma
- Es un enfrentamiento inédito en UEFA Champions League. Los alemanes parten como amplios favoritos, no obstante, los dirigidos por Mircea Lucescu son un equipo generalmente incómodo y rocoso. Los ucranianos contarán con los servicios de Luiz Adriano, principal goleador en la Fase de Grupos con nueve anotaciones (ocho de ellos marcados en dos juegos contra BATE Borisov), en la zona de ataque. Sin embargo, los bávaros fueron el segundo club que más goles realizó en la ronda anterior, con 16.

- El cuadro donde tanta huella dejó Nery Castillo quedó eliminado la última vez que jugó una eliminatoria de Champions contra un conjunto alemán, cayendo ante el Borussia Dortmund en Octavos con un global de 5-2, en la edición 2012-2013. No obstante, el principal logro continental de los mineros, la Copa UEFA de la temporada 2008-09, la conquistaron venciendo en la final a una oncena germana, el Werder Bremen.

- Los bávaros enfrentaron por última vez a un conjunto ucraniano en la Segunda Fase de Grupos de la temporada 1999-00, cuando se midieron al Dínamo de Kiev en dos duelos. Los alemanes vencieron 2-1 en casa, mientras que en la capital de Ucrania los locales se impusieron 2-0. Para dar contexto, en aquel conjunto alemán militaban futbolistas como Giovanne Elber, Stefan Effenberg, Mehmet Scholl y Oliver Kahn, entre otros. Los dirigidos por el legendario Valeri Lobanovsky, mientras tanto, aprendían a vivir su primer año sin Andriy Shevchenko, traspasado al AC Milán, pero todavía jugaban algunos talentos interesantes como Sergey Rebrov y el georgiano Kakha Kaladze, después suplente de Paolo Maldini  y compañero de Sheva en el Milán.

Luiz Adriano, en su festival goleador contra BATE
- Bayern Munich no ha sido eliminado de Octavos de Final desde la temporada 2010-11, cuando cayeron ante el Inter de Milán por el criterio de los goles de visitante (3-3). Aquella escuadra era dirigida por Louis Van Gaal. En contraste, el Shakhtar Donetsk ha jugado nueve de las últimas once ediciones de UEFA Champions League, y solo una vez ha pasado la ronda de Octavos de Final, cuando venció a la Roma (global 6-2) en la edición 2010-11.

- Pese a acusar cierta baja de juego al inicio de la segunda vuelta, con algunos resultados negativos como el 4-1 que Wolfsburg recetó al equipo de Josep Guardiola, el Bayern es líder holgado en la Bundesliga, con 49 puntos en veinte compromisos, ocho por encima del segundo, precisamente el Wolfsburg. Además, los muniqueses han recuperado buenas sensaciones al golear el pasado fin de semana 8-0 al Hamburgo. Mientras tanto, el Shakhtar está cinco puntos por debajo del Dínamo de Kiev en el campeonato doméstico, y corre el riesgo de perder su hegemonía  en una liga que ha ganado en las últimas cinco ocasiones.

- Recordemos que el Shakhtar Donetsk no puede jugar en su casa, el Donbass Arena, debido al conflicto bélico desarrollado en aquella zona de Ucrania, que provocó daños en la estructura del estadio. Actualmente, Shakhtar juega en la Arena de Lviv, una ciudad ubicada a más de mil 200 kilómetros de Donetsk. 

PSG VS Chelsea

- Versalles vs Buckingham. El duelo de equipos acaudalados se repite en UEFA Champions League con un ligero favoritismo para el Chelsea. No obstante, la eliminatoria promete ser tan atractiva y dramática como los cuartos de final de la temporada 2013-14, cuando un gol tardío del senegalés Demba Ba clasificó a los Blues a la siguiente fase.

Mourinho y sus futbolistas quieren celebrar de nuevo ante PSG
- El emparejamiento terminó con global 3-3, favoreciendo a los pupilos de José Mourinho por el gol de penal que Eden Hazard marcó en el Parque de los Príncipes. Los franceses ganaron 3-1 en la ida con una gran actuación de Javier Pastore, pero en la vuelta Laurent Blanc salió con muchas precauciones y el Chelsea no dejó de luchar hasta ganar 2-0. Una curiosidad de aquel cotejo es que el central brasileño David Luiz, hoy en el Paris Saint Germain, marcó gol en contra en la derrota de su entonces equipo Chelsea, en el primer juego.

- Chelsea es el equipo que más goles marcó en la fase de grupos, con 17 anotaciones. Pese al dato, los goles se repartieron entre diez futbolistas, de los cuales Eden Hazard, Nemanja Matic , Didier Drogba y Cesc Fábregas marcaron a pares. En contraparte, el PSG horadó las metas rivales en diez ocasiones, siendo el uruguayo Edinson Cavani su mejor hombre en ataque con cuatro dianas.

- Haciendo honor a las segundas temporadas tan exitosas de los equipos de José Mourinho, el Chelsea encabeza la tabla general de la Premier League, siete puntos por encima del Manchester City. Paris Saint Germain, por su parte, ha tenido un bajón de juego y resultados en la Ligue 1 francesa (en 25 fechas de la liga 2013-14 tenía 58 puntos, nueve más que actualmente con las mismas jornadas disputadas), pero se mantiene al acecho del líder Olympique Lyonnais a dos puntos.

- El PSG nunca ha enfrentado a otro club inglés que no sea Chelsea en UEFA Champions League. Si los franceses avanzan de ronda, será la tercera vez consecutiva que lo logren, tras eliminar al Bayer Leverkusen y al Valencia las dos anteriores ediciones.

Lavezzi y Terry durante la ida de la eliminatoria pasada
- Chelsea y Paris Saint-Germain tienen otro antecedente en UEFA Champions League. En la temporada 2004-05 ambos equipos se enfrentaron en la ronda de grupos. Los ingleses golearon 3-0 en el Parque de los Príncipes y en Stamford Bridge igualaron sin anotaciones. En el partido jugado en París marcaron John Terry y Didier Drogba (x2), ambos jugadores aún juegan para Chelsea el día de hoy. Aquel torneo fue el primero de José Mourinho al frente de Chelsea, en su primera etapa, y llegaron a semifinales donde cayeron contra Liverpool con un gol fantasma del ex Puebla y UNAM Luis García. Mientras tanto, el PSG quedó eliminado de aquella fase de grupos. Era un equipo alejado de las estrellas millonarias que hoy militan en su plantilla, pero con buenos elementos como el delantero portugués Pedro Pauleta, el central colombiano Mario Yepes y el mediocampista francés Jerome Rothen.

- Chelsea nunca ha quedado eliminado de Octavos de Final desde la temporada 2009-2010, cuando perdieron por global de 3-1 contra el Inter de Milán. A los italianos los dirigía José Mourinho, lo que significó una victoria del portugués contra su ex-equipo. Los británicos eran comandados por Carlo Ancelotti.  El Inter terminaría siendo campeón de Europa luego de una sequía de casi 45 años, mientras que los Blues finalizaron como campeones de liga y copa en su país.

Basilea vs Porto

- Duelo inédito en la UEFA Champions League, suizos y portugueses intentarán ser el caballo negro de esta edición en un enfrentamiento mucho más interesante de lo que los nombres sugieren. El FC Porto registró al defensa central mexicano Diego Reyes para estos Octavos de Final, por lo que el ex-jugador del América podría tener actividad europea por primera vez en la temporada.

Héctor Herrera quiere volver a celebrar en UCL.
- En el caso de Héctor Herrera, si algo extraño no sucede, partirá como titular indiscutible en el esquema de Julen Lopetegui. El mediocampista mexicano ya ha marcado tres goles en la presente edición, uno al Lille francés en el repechaje previo a la fase de grupos, otro al Athletic en el juego que su equipo ganó 2-1 como local, y uno más al BATE Borisov bielorruso como visitante.

- Los lusitanos marchan en segundo lugar de la Primeira Liga, a cuatro puntos del Benfica, mientras que el equipo del cual es hincha Roger Federer navega con comodidad en la cima del campeonato suizo, con 45 puntos tras 20 jornadas disputadas, ocho unidades por encima del Young Boys, su más cercano perseguidor.

- Los suizos disputaron por última vez los Octavos de Final en la temporada 2011-12, enfrentando al Bayern Munich. Un gol de Valentin Stocker dio al triunfo a los helvéticos en la Ida, sin embargo, los bávaros aplastaron 7-0 en la vuelta, con cuatro goles de Mario Gómez, hoy en la Fiorentina.

- El equipo de Julen Lopetegui no ha saltado el obstáculo de Octavos de Final desde la temporada 2008-2009, cuando eliminaron al Atlético de Madrid (global 2-2) por el criterio de los goles de visitante. Aquel FC Porto era dirigido por Jesualdo Ferreira y militaban en aquel equipo futbolistas como los argentinos Lisandro López y Lucho González, el brasileño Hulk y el uruguayo Cristian “El Cebollita” Rodríguez.

- En fase de grupos, los máximos goleadores del FC Porto son Jackson Martínez, con cinco anotaciones, y el argelino Yacine Brahimi con cuatro conquistas. El mayor anotador del Basilea es el paraguayo Derlis González, con dos tantos.

Basilea sobrevivió a Anfield Road y eliminó al Liverpool
- Recordemos que el FC Porto está en la fase de Octavos de Final tras comandar el Grupo H con 14 puntos. Mientras tanto, el Basilea sufrió para clasificarse pero logró su cometido tras sacarle el empate a un gol al Liverpool en Anfield Road, en un partido cardiaco.

- En temas de actualidad, se ha rumorado la salida de Danilo, lateral brasileño del FC Porto, al Real Madrid.

- El lusitano Paulo Sousa, entrenador del Basilea, jugó en los dos equipos rivales del Porto en Portugal, Sporting y Benfica. Ya fue campeón de UEFA Champions League en 1997, cuando jugaba en el Borussia Dortmund.

Schalke 04 vs Real Madrid

- Otra reedición de un enfrentamiento efectuado la temporada pasada, el actual campeón de Europa, donde calienta banquillo Javier Hernández, es favorito indiscutible contra el Schalke 04. Los alemanes intentarán competir mejor que la última vez, donde dejaron una imagen de debilidad y desorden al recibir nueve goles en dos partidos de los merengues. Mientras tanto, el Real Madrid buscará la segunda Orejona consecutiva, logro esquivo que alcanzó por última vez el AC Milán de Arrigo Sacchi hace 25 años.

La BBC quiere volver a asustar Gelsenkirchen
- Los Octavos de Final de la temporada pasada fueron un paseo para los de Carlo Ancelotti. Real Madrid finiquitó la serie en la ida, aplastando 6-1 a los de Gelsenkirchen, con pares de Karim Benzema, Gareth Bale y Cristiano Ronaldo. Los alemanes marcaron el de la honra gracias a Klaas-Jan Huntelaar, el otro enemigo público de México en Brasil 2014. La vuelta en el Santiago Bernabéu se tramitó con un 3-1 a favor del cuadro español, con otros dos pepinos de Cristiano Ronaldo y uno más de Álvaro Morata, hoy en la Juventus. Sin embargo, en aquel partido se lesionó Jesé, la joven promesa de la Fábrica blanca, quien paró durante varios meses antes de regresar para quitarle la primera alternativa de suplente en ataque al Chicharito.

- Real Madrid es el único equipo que solventó con triunfos sus seis partidos de la etapa grupal, donde venció a Liverpool, Basilea y Ludogorets. Karim Benzema y Cristiano Ronaldo son los máximos goleadores de la plantilla blanca, con cinco dianas cada uno. En contraparte, Schalke 04 recurrió a un solitario gol de Max Meyer en Eslovenia para derrotar al Maribor y clasificar a Octavos de Final con ocho puntos (la segunda peor cosecha de puntos entre los equipos clasificados, solo por arriba del Basilea) y una diferencia de goles de -5, ayudado también por la derrota del Sporting de Lisboa contra Chelsea. Huntelaar es su máximo romperredes con tres tantos.

¿Chicharito jugará algunos minutos?
- En liga, Real Madrid es el primer lugar, un punto por arriba de Barcelona y cuatro sobre el Atlético de Madrid, equipo que les infringió una severa derrota por 4-0 en el más reciente derbi, con la polémica subsecuente.  Con nuevo entrenador, el italiano Roberto Di Matteo, campeón de Champions con Chelsea en 2012, el Schalke 04 ha escalado posiciones y actualmente se ubica en el cuarto sitio de la clasificación en Bundesliga, que da acceso a la previa de la próxima Liga de Campeones.

- Los merengues llevan cuatro ediciones consecutivas pasando la antes traumática prueba de Octavos de Final. La última eliminación en esta ronda fue contra el Olympique de Lyon en la campaña 2009-2010, con global de 2-1 para los franceses. Aquel Real Madrid era dirigido por Manuel Pellegrini, mientras que en el Lyon militaba un viejo conocido del futbol mexicano, César Delgado.

- Schalke 04 avanzó por última vez los Octavos de Final de la Liga de Campeones en el torneo 2010-2011, cuando dispusieron del Valencia por un acumulado de 4-2. En aquella escuadra militaba el legendario atacante español Raúl, ex-Real Madrid. Llegaron hasta semifinales, donde quedaron eliminados por el Manchester United, donde sí jugaba y era figura Chicharito.

domingo, 13 de julio de 2014

Cuando eramos alemanes.

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

¿Te acuerdas de Brasil 2014?. Que había un gran descontento social entre los brasileños por la corrupción derivada del negocio FIFA-Gobierno. Dinero despilfarrado en estadios y hoteles mientras las favelas se hacían cada vez más pobres. Los aficionados más futboleros del mundo renegaban de su religión y se volvieron ateos impulsados por la realidad. Al final de la Copa, el balón siempre era un interés secundario mientras no se garantizase la educación, la salud y el justo reparto económico entre todos los brasileños.

¿Te olvidas de cómo le fue a México?. De cómo avanzó a ese mundial a tientas, gracias al auxilio de ese perpetuo lazarillo que son los Estados Unidos. De su técnico, un regalo para los publicistas que celebraba goles como gallina asfixiada. O que tal su portero, un pinball que jugaba en un equipo miserable de una isla francesa. Recuerdo que un buen día le dio por imitar a Gordon Banks y todos los mexicanos ya pensaban en Guillermo Ochoa como monumento histórico, método anticonceptivo y presidente de la nación. Luego llegó Croacia. Los europeos que visten como tablero de damas chinas pretendieron recrear la Guerra de los Balcanes con declaraciones incendiarias, pero al final les partieron la Modric con tres golpes ensordecedores como el “puto” de las tribunas. Ya en octavos de final, lo de siempre. El gol de Giovani Dos Santos reiteró el recato y la introversión de un equipo que teme ambicionar los grandes desafíos, como si fuese un extraño o un inútil ante ellos. Holanda le dio la vuelta con un clavado de Robben que los mexicanos tomaron como una afrenta de Masiosare, el extraño enemigo que algunos despistados identifican con nombre propio. “No era penal” fue la frase que justificó la desgracia nacional, eficaz analgésico para aliviar las fracturas y los raspones de las caídas, del tipo “así lo quiso Dios”, “todos son igual de corruptos” o “me dueles México”.

¿Pero sabes de cuál selección yo me acuerdo más?. De Alemania. De esa maquinaria estilizada cuyos tanques, además de portentos físicos, sabían jugar al futbol. Acorde con su legado de grandes matemáticos, los alemanes construían sus pases con precisión geométrica y destruían defensivas como si resolvieran teoremas. Ingenieros de la velocidad, los coches alemanes estallaban el marcador de velocidad con contragolpes que desalentaban la persecución de sus rivales, diligencias jaladas por caballos. Los germanos son como esos estudiantes “mataditos” que siempre son los últimos que se retiran de la biblioteca para irse a casa, que hacen muecas raras si sacan un nueve en la boleta, como si viesen una mancha de mugre en la camiseta. Siempre constantes, así lograron ganarle la copa del mundo a Argentina con un gol de Mario Götze en los tiempos extras.

¿Te acuerdas de aquella final?. Un partido tan disputado que dejó exhaustos a los propios espectadores. Para serte sincero, Argentina no mereció perder. Jugaron su mejor partido en el día más importante y desequilibraron el estereotipo muy alemán de la frialdad durante gran parte del tiempo. Muchas hablaban de la magia de Messi o la contundencia de Higuaín pero lo que a mí me impresionó de los sudamericanos fue su clase media, esos trabajadores diligentes que desatascan fosas sépticas con sus propias manos, albañiles manchados de cemento y tierra que construyen las casas en las que se resguardan los arquitectos e ingenieros.  Me acuerdo de Mascherano, que tenía el culo roto de tanto barrerse por los balones. También de Pablo Zabaleta, ese lateral que parecía tener tres pulmones porque nunca se cansaba. Antes del Mundial, los argentinos estaban aterrados por los altos índices de inseguridad cuyo cuerpo de policía parecía incapaz de reducir. En Brasil, los aficionados albicelestes se sintieron resguardados en una tierra particularmente hostil. Mérito de Alejandro Sabella, ese técnico al borde de un ataque de nervios que asimiló las bases de la filosofía bilardista; trincheras bien guarnecidas, ataques de artillería inmediatos y estudio obsesivo de la estrategia de los rivales, pero sin bidones contaminados. 

¿Qué habría pasado si Higuaín mete aquel gol que le regaló Kroos en el primer tiempo?. Los hubieras son las pajas mentales del presente. Recuerdo que Gonzalo Higuaín se asustó de su propia soledad y se desamparó al quebrar la pelota a un costado de la portería de Neuer. El Pipita, delantero puntual la mayoría del tiempo, no escucha el despertador de las juntas de trabajo importantes. Como con el Real Madrid contra el Lyon en Champions League o con el Nápoli contra el Borussia Dortmund también en el máximo torneo de clubes europeo. Minutos después se ajustó el traje de bombero para salvar un incendio, pero la llamada era de broma. Higuaín se desahogó en la celebración de su gol pero el árbitro marcó fuera de lugar. Casi al final del primer tiempo, Höwedes puso un balón en el poste. Tal vez Alemania se hubiese ahorrado los tiempos extras, pero los campeonatos del mundo demandan sufrimientos maratónicos.

¿Qué habría sucedido si Lionel Messi mete la que tuvo en el segundo tiempo?. Una pelota que cruzó con suspenso, como película de Hitchock, con un toque de coquetería hollywodense a lo Marilyn Monroe. Si por algún motivo me atraía ver a Argentina ganar la Copa, era por Messi. La FIFA diseñó el script de la Copa del Mundo para que el jugador del Barcelona pudiera rellenar con diálogos, escenas de acción y giros dramáticos la superproducción cinematográfica del Mundial. Pero el guionista no andaba muy inspirado. Algunas metáforas bien pensados, algunos personajes psicológicamente delineados, pero uno de los mejores jugadores de la historia del futbol no terminó por contar una historia excitante. Al final, con el uno a cero en contra, en el último minuto, Messi tuvo un tiro libre. La película deportiva donde los buenos siempre ganan cuando el cronómetro se queda sin tiempo se reeditaba otra vez. Pero Leo mandó la pelota a las tribunas de un aliviado Maracaná. Sus flores de jardín no fueron pisoteadas.

Y en los tiempos extras llegó el gol de Mario Götze, ¿te acuerdas cómo fue el gol?. Una jugada que inicia Andre Schürrle y el jugador del Bayern Munich completa bajándola de pecho y rematando de primera intención. Una carrera de cien metros definida por décimas de segundo, un foto-finish que acabó con la resistencia de una Argentina ya abonada a los penales y que gastó el último tanque de combustible en una oportunidad que Rodrigo Palacio desperdició cuando tenía de frente al gigantón Neuer y la portería detrás de él.  Terminó la final y Alemania ganó su cuarta Copa del Mundo, premio merecido a un proyecto de trabajo con diez años de respaldo, armada con inteligencia, testarudez y paciencia.

¿De cuales otros acontecimientos tienes memoria de Brasil 2014?. Pienso en Brasil, esa selección impostora cuyas mentiras fueron desenmascaradas por aquellos siete goles alemanes. En una afición brasileña traumatizada que evitará organizar mundiales como una forma de superstición. En Costa Rica, ese pato feo que se convirtió en cisne. En ese rejunte de esfuerzos individuales llamado Bélgica, dama consentida de muchos periodistas cuya juventud casi adolescente necesita tiempo de madurez. También recuerdo la vejez de España, equipo apoltronado en el recuerdo y en la adoración de reliquias monárquicas indispuestas a abdicar. Los evangélicos milenaristas siguieron esperando a Inglaterra, promesa de redención que nunca se digna a presentarse.  Los equipos africanos (excepto Argelia) mantuvieron su intrascendencia, con grupos de futbolistas europeizados con desatenciones y vicios colonialistas. Y de Brasil 2014 me quedó clara una cosa más. No era penal. 

miércoles, 9 de julio de 2014

Argentina gana al miedo

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

En ocasiones, los penales son la comprobación empírica de las especulaciones de Andy Warhol, porque convierten a porteros anónimos en hombres de fama. Sergio Romero, un lacayo que se moría de aburrimiento en la corte principesca de Mónaco, regresó sin fortuna a la patria donde lo veían como un advenedizo. Portero tan callado que sus defensas no le reconocen el tono de voz, es de esos valerosos que en un terremoto prefiere resguardarse debajo del travesaño, con el riesgo de que le caiga el metal en la cabeza.   Con semejantes recomendaciones, el currículum de Romero fue despedazado por los ejecutivos argentinos: “No sirve”, “es un capricho de Sabella”, “Willy Caballero es mejor”, “fue suplente en Francia”. Pero los penales no sólo crean celebridades, componen mitos populares. En un país exaltado como Argentina, Romero es ahora el padrino de todas las bodas, el hijo que todo padre pone de ejemplo. Dos penales atajados a Ron Vlaar y Wesley Sneijder elevan al noble frustrado a la categoría de rey, el que trajo la fortuna de una final de Copa del Mundo a Argentina luego de 24 años de pobreza.

Argentina jugará contra Alemania luego de una semifinal contra Holanda que más valdría olvidar. El miedo al error provoca dos situaciones, que te equivoques aunque no quieras, o que ni siquiera se emprenda el proyecto para evitar el tropiezo. Argentinos y holandeses no se molestaron en ejecutar planes de acción, y tanta parálisis sumergió en la flojera a los aficionados. Equipos tacaños, esotéricos adictos a especulaciones paranormales, cerraron puertas con cadenas y candados para que ni un leve chasquido de viento se inmiscuyera en sus porterías. Alejandro Sabella y Louis Van Gaal, meteorólogos del tanteo, vieron nubes en el cielo y pronosticaron huracanes. Las calles quedaron desiertas y los damnificados se resguardaron para esperar la ayuda de un error defensivo o de los penales. El primer tiempo fue un bullet-time, el balón trotaba desganado en el pasto ante pases demasiado ensayados, Argentina intentó explotar la banda derecha vigilada por el nervioso policía Bruno Martins Indi, pero Ron Vlaar y Stefan de Vrij hacían detenciones rápidas. Los ministerios de censura podrían recortar estos 45 minutos de la sala de edición por mera decencia, pero el contenido es tan mediocre que la mutilación no nos ahorraría algo peligroso o subversivo.

Aunque Van Gaal intentó animar a su equipo ingresando a Darryl Janmaat y Jordy Clasie, el segundo tiempo fue una fotocopia del primero. Las zonas defensivas parecían la reunión de una masa fanática en un concierto pop, repleto de gritos de los defensores y sin espacios para alimentar con aire puro a los pulmones. Aunque Enzo Pérez realizó un buen papel actoral como Ángel Di María, la tormenta argentina no terminaba de desbordar la presa, especialidad de ingeniería hidráulica propia de Holanda, país que vive debajo de mar como Bob Esponja. Sabella intentó desinhibir la frigidez holandesa metiendo a Agüero y Palacio, pero el partido estaba hecho para los persignados. Ya al final, en el 90’, Arjen Robben pudo darle la Final a Holanda, pero Javier Mascherano se embarró de lodo con una barrida impregnada de limpieza. El calvo del Bayern Munich encontró un nuevo Casillas.

Los tiempos extra aumentaron los nervios y con ello, las imprecisiones de unas piernas demasiado ocupadas en correr. Van Gaal se guardó el comodín Tim Krul y apostó el resto de sus fichas en Klaas-Jan Huntelaar, el paracaidista que atacó desde el aire a México en Octavos de Final. El regateador holandés quiso cerrar el negocio antes de que los precios de la bolsa subieran, pero Argentina no es un equipo muy amigable con el cliente. Emociones pocas, algún tiro lejano, un desborde de Lionel Messi en la única pelota a modo que recibió y conversaciones timoratas en forma de pases atrasados en zona defensiva, ante el hastío de un público sordo que necesita escuchar a gritos. Agricultores de tierras en sequía, los veintidós jugadores esperaron la lluvia para que sus semillas brotaran. Así llegaron los penales, compensación de un show desabrido donde los teloneros ahondaron la nostalgia por el grupo estelar, película romántica soporífera que se visiona entera obligatoriamente, para esperar el beso final de los enamorados. Sergio Romero rememoró a Sergio Goycochea y Carlos Roa, los argentinos metieron sus cuatro penales y los holandeses alargan su inmerecida reputación de perdedores habituales.

24 años después, Argentina regresa a una final de Copa del Mundo contra Alemania, el mismo país que los hizo llorar en Italia, la misma nación que fue testigo de lujo de la magia de Maradona en México 1986, último mundial que ganó la albiceleste.  La final del desempate se deslumbra ante la reedición del Übermensch nietzscheano, voluntad de poder que acabó con el decadente Brasil a base de goles. Pero sería un grave error descartar a los argentinos. Huevos les sobran. Y sus hinchas cantarán hasta que se queden sin garganta. Además está en juego la consagración de Lionel Messi en el museo del futbol mundial. Y el placer villano de sentenciar el maltrecho orgullo brasileño, como Alejandro Magno con los persas o los británicos con Napoleón en Waterloo. El Maracaná, estadio susceptible al estrés, se marea.

martes, 8 de julio de 2014

Un Blitzkrieg destroza Brasil

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

Brasil recrudeció sus traumas con una borrachera de siete goles. El pueblo brasileño, resentido por el Maracanazo de 1950, encuentra nuevos chivos expiatorios en una Selección amnésica de historia y destrozadora de reputaciones. Luiz Felipe Scolari pretendió jugar el Mundial como un bravucón de colegio, con empujones y puños apretados, pero el bombardeo alemán humilló su fama de malo. La memoria, arqueóloga del tiempo, alojará el 7-1 como patrimonio mundial, reliquia frente a la cual seguiremos frotándonos los ojos de estupefacción y asombro. Mientras, Brasil tendrá que recurrir a los pañuelos y a los historiadores. Los primeros deberán mitigar las lágrimas de una afición ultrajada. Los segundos deberán recordarle a Brasil su pasado para evitar los bochornos del presente.

Tierra de inventores hechiceros, de artistas de la favela, de poetas que escriben sus primeros versos en las playas firmando con plumas de trapo, Brasil perdió esa aura y ahora tiene jugadores sin inspiración, más aptos para guardar silencio en las conversaciones que para detonarlas. Luiz Gustavos , Freds y Jos, esos talacheros que se venden como grandes ingenieros, deprimen el recuerdo de los Sócrates, Rivaldos y Ronaldos. En el partido, a Brasil le dolió tener el balón en los pies, como si la pelota tuviese espinas. Durante toda la Copa del Mundo, el automóvil brasileño se condujo como un Nascar, ganando carreras mediante choques, bufidos motorizados y volantazos. Envalentonado por sus victorias aparatosas, el corredor Scolari siguió confiando en su manejo hiperactivo, pero un Monster Truck alemán lo aplastó. La escuela de manejo brasileña, históricamente acostumbrada a triunfos de ingeniería tipo Fórmula 1, lanzará los restos del carro “canarinho” versión 2014 a la chatarra.  A Scolari sólo le quedará la factura del traumatólogo.

La motivación local, agitada por la bandera y el apoyo del público, duró diez minutos. Thomas Müller encontró el primer gol luego de un tiro de esquina, una estufa encendida que los brasileños se olvidaron de atender. La comida se le quemó a la defensa y su mejor chef, Thiago Silva, no estaba en la cocina para ordenar las tareas de un desquiciado séquito de ayudantes. Alemania, un ejército que combina la disciplina prusiana y la rapidez de las unidades nazis, siguió fatigando la menguada moral del anfitrión y en base a pases rápidos y contrataques, aplicaron el ataque relámpago que invadió el Mineirao en seis minutos. Cuatro goles como cuatro cañones de panzer.

Miroslav Klose marcó el segundo gol para superar a Ronaldo como máximo goleador de la historia de los Mundiales (16 tantos lleva el alemán) y agregar más historia a un partido nacido póstumo. Toni Kroos concluyó una sinfonía de cinco toques en el área brasileña para el tercero y materializó un robo  de balón a Fernandinho para el cuarto. La manita llegó con Sami Khedira, tras otro zumbido de pases que dejo a Brasil sordo. La “canarinha” se agazapó en un rincón para esconderse de los golpes, ya era necesario un juez de boxeo para detener la pelea. La primera mitad terminó con un Brasil insolvente en subasta contra una Alemania hinchada de salchichones y cerveza. El segundo tiempo solo sirvió para alargar los pocos signos vitales del moribundo Brasil, aferrado al respirador artificial y a un milagro que evitase la eutanasia. Los alemanes no bajaron la intensidad y abrumaron los nervios de una defensa que solo podía morderse las uñas. Andre Schürrle entró a la fiesta para comer una buena tajada del pastel con el sexto y séptimo gol del encuentro. Óscar marcó el tanto de la honra cuando el estadio Mineirao tenía más butacas que gente. Todavía Özil se comió el octavo en un contrataque, pero perdonó como si hubiese visto banderas blancas en el arco de Julio César.


Los alemanes, con años de andar en el mismo sendero, armaron su caminata de garantías y salvoconductos que los presentan como aptos para ser campeones del mundo. Una generación de futbolistas eclipsada por España durante seis años, ahora tienen la oportunidad de ganar su cuarta copa del Mundo tras tocar la puerta de la novia con música y cohetes. Özil, Lahm, Kroos, Müller, y otros apellidos ilustres, intentarán consagrarse en el archivo histórico del futbol alemán, junto a los Beckenbauer, Maier, Walter o Matthaus. Pero siempre se recordarán a estos emuladores de Goethe y Schiller como los románticos que enamoraron la memoria del futbol y ayudaron a escribir una obra maestra inédita (y seductora) de los Mundiales. Por otra parte, el suplicio brasileño tardará tiempo en sanar. La afición debería olvidar rápidamente el dolor y evitar ser devorados por el resentimiento, ese que condenó a Moacyr Barbosa, el arquero del Maracanazo, al ostracismo social. Un resentimiento que combinado con el miedo, dejó en el inconsciente un caldo de cultivo para una nueva tragedia en un país que decidió obsesionarse en el recuerdo de 1950 y ahora acumulan una doble fobia. La rabia de la derrota se añade a la organización dispendiosa y corrupta de una Copa que acentúa las desigualdades sociales en un país repleto de extremos. Pero tal vez esto sea lo mejor. Si Brasil hubiese ganado el Mundial, era un autoengaño. Como la Selección que pretende caminar con zapatos europeos y se notan torpes con ellos. Como la economía emergente que disimula con maquillaje sus ojeras e imperfecciones.